La Evolución De Las Camisas.

La Evolución De Las Camisas.

La historia de la camisa se remonta a cuando los egipcios adoptaron el kalasiris, una pieza en forma de rectángulo de tejido de lino delgado con una abertura para introducir la cabeza.

La camisa más antigua conservada procede del ajuar funerario de un arquitecto de este mismo pueblo.

Durante el Imperio Romano a esa pieza de tela se le agregarán mangas y se denominará túnica manicata. En la Edad Media y hasta el siglo XIV la camisa fue una prenda interior de color blanco cuya función consiste en proteger la piel de otros tejidos exteriores más ásperos.​ Como se consideraba ropa interior carecía de botones para cerrarla y su misión era cubrir el cuerpo antes de colocar la casaca o la chompa.

En el siglo XII las camisas más cortas se asociaron a la masculinidad y las más largas a la feminidad.

Será en el Renacimiento cuando la camisa generalice su uso. La moda italiana de la época ensanchó las mangas permitiendo que una parte de la misma asomara a la altura de los codos.

La camisa blanca era símbolo de aristocracia, porque eran los únicos que podían mantenerlas limpias.

Después los alemanes incorporarán las cuchilladas, moda originaria de Suiza que consiste en rasgar la superficie de las prendas exteriores dejando entrever lo que está debajo. En el siglo XVI se incorporará escotes cuadrados.

Durante y después de la Revolución francesa, hacia fines del siglo XVIII, se produjo un cambio importante en la ropa masculina. Aparecen la limpieza de líneas, característica de la indumentaria inglesa, lo que implicará la pérdida de la ornamentación anterior. El glamour se desplaza a los complementos del pañuelo o corbata.

Las camisas en nuestros días siguen siendo símbolo de elegancia, pero es mucho menos formal y regimentada, acompaña a la elegancia con mucha simpleza y practicidad en su estructura y es una prenda que funciona con todo tipo de combinaciones.

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